Escudriñando las sendas antiguas en un mundo posmoderno

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Una preocupación apostólica

El Espíritu Santo ha provisto al menos seis herramientas para que el cristiano se mantenga firme en su profesión de fe, y para no moverse de la esperanza del Evangelio de Jesucristo.

El objetivo es claro, pues cristianos firmes integran congregaciones firmes. La firmeza de los primeros cristianos era una preocupación apostólica, incluso del mismo Señor Jesucristo, quien comparó a quien escucha y hace su voluntad con quien construye su casa sobre la roca y no sobre la arena.

Se trata de herramientas requeridas para el trabajo cotidiano, pues el cristianismo no un sentimiento, una religión o una moda, sino una forma de vida.

1) La primera es la fe (Col. 1:23 y Rom. 5:2) Sin fe es imposible agradar a Dios, dice el autor de la Epístola a los Hebreos. Todo lo que hagamos requiere de ese ingrediente básico. La fe es lo que hace la diferencia en nuestra vida. Sin fe, el bautismo no es más que un baño y los cánticos una sucesión ordenada de notas y la música, melodía con acompañamiento. Sin fe, la ofrenda son limosnas y la Biblia es una obra maestra de la literatura. Como en el caso de Abraham, la fe es suficiente para que Dios considere nuestros hechos como un acto de justicia.

2) Luego está la Palabra, la doctrina, la enseñanza (2 Tes. 2:15). No es suficiente creer cuando hay tantas cosas en qué creer. Por eso la Palabra de Dios es como una lámpara en nuestro camino, para indicarnos por dónde sí y por donde no debemos caminar. Es necesario retener y practicar la doctrina que hemos aprendido. La falta de conocimiento indudablemente nos encamina a la destrucción. Mi pueblo pereció, dijo el Señor, por falta de conocimiento. Leer la Biblia todos los días nos capacita, nos confronta, nos guía, nos santifica.

3) En tercer lugar están las oraciones (Col. 4:12). La oración es un diálogo, una plática con Dios, donde le decimos pero también lo escuchamos. Mantener el contacto con el Señor nos ayudará a estar atentos siempre a su voluntad. Incluso, como Epafras, debemos rogar, interceder para que el resto de los cristianos se mantengan firmes.

4) En seguida está la acción, la obra, el trabajo (1 Cor 15:58). De poco sirve tener fe, estudiar la Palabra y orar mucho si esas acciones no se transforman en hechos concretos, si no se pasa de la teoría a la práctica. Poner en práctica lo aprendido nos ayuda a crecer y a ser constantes, sabiendo que todo lo que hagamos por la obra del Señor nunca €s en vano.

5) Todo lo anterior debe hacerse con gozo (2ª Cor 1:24), pues la alegría, el contentamiento, el gozo es lo que sostiene fresca la vida del cristiano. El gozo contribuye a mantenernos firmes. Aunque la base de esa firmeza sea la fe, el gozo nos permite enfrentar lo bueno y lo aparentemente malo de nuestras vidas y con ello dar buen testimonio para que otros crean.

6) La sexta herramienta son las tribulaciones, el sufrimiento, las pruebas (1ª Pedro 5:8-11). Contrario a lo que muchos piensan, las enfermedades, las penurias, la escasez tienen un propósito en la vida del cristiano. Son necesarias para que nos afirmemos más y mejor en el camino del Señor. Las tribulaciones ayudan al verdadero cristiano a acercarse más a Dios. Pero curiosamente es una herramienta que no buscamos y que no podemos usar, que es el Espíritu Santo el que la utiliza en nuestra vida para perfeccionarnos. Al final de la prueba saldremos purificados como la plata… y más firmes.

En memoria de mí

“Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.

“Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.

“Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga. 

“De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.

“Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.

“Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.”

Primera carta del apóstol Pablo a los Corintios 11:23-32

 

Un apóstol de verdad

Augustus Nicodemus Lopes

 Las cartas que el apóstol Pablo escribió a la Iglesia de Corinto revelan la naturaleza más personal y cómo era la vida del que se considera el más grande apóstol del cristianismo, así les pese a los papistas, que veneran a Pedro.

¿Cuál era la vida cotidiana de Pablo, apóstol de Cristo? Enlisto algunas características.

—Evitaba bautizar a muchas personas, para que éstas no formaran un club de fans alrededor de su nombre (1ª a Corintios 1:14-17).

—No hablaba en lenguaje ostentoso cuando predicaba, por la misma razón, y su tema central era Cristo y éste crucificado (1ª Cor: 2:1-5). La razón es que quería evitar que la gente quedase impresionada por su talento y su carisma, y no por la fe en Jesucristo (1ª Cor. 2:5).

—Siempre recordaba a los congregantes que él era un mero servidor, junto con otros, y que su éxito en ganar almas para Cristo se debió únicamente a la gracia de Dios y no a sus méritos (1ª Cor. 3:5-9).

—Insistió en que Dios envía a apóstoles de verdad, y que no requiere de ellos el éxito, sino que venzan la tentación de comparar los ministerios, por ejemplo de Apolos y de Pedro (1ª Corintios 4:1-3).

—Fue considerado constantemente como sentenciado a muerte, y el mundo —incluso personas que formaban parte de las iglesias que él había fundado—lo consideraba loco, débil y sin valor ( 1ª Corintios 4:9-10).

—En varias ocasiones pasó hambre, sed y desnudez y fue abofeteado y no tenía casa ni hogar (1ª Corintios 4:11).

—Trabajó con sus propias manos, en una labor tan aburrida, para garantizar su subsistencia (1ª Corintios 4:12).

—Fue perseguido, injuriado, calumniado y era considerado de la escoria de la tierra, pero no respondió con maldiciones ni tomó represalias (1ª Corintios 4:13).

—Muchos pensaron que no tenía derecho a recibir el apoyo de la Iglesia ni para ser acompañado de una mujer en un intenso y extenuante trabajo misionero. Por ello trabajó para sostenerse y se negó a recibir salario, ofrendas, diezmos o contribuciones de las Iglesias; de haberlo hecho, hubiera puesto en entredicho sus intenciones (1ª Corintios 9:1-12).

—Predicó en las iglesias de forma gratuita, sin pedir nada ni conseguir a cambio ninguna cosa, para no poner obstáculo al Evangelio de Cristo (1ª Corintios 9:15-18), porque su objetivo era ganar el mayor número de personas posible.

—Estaba preocupado (y ocupado) por ser irreprensible y tener dominio propio para que los nuevos creyentes mantuvieran sus pasiones y deseos bajo control, con el fin de tener la autoridad para predicar (1ª Cor 9:25-27).

—Estuvo en peligro de muerte varias veces por hacer la obra misionera y a veces sintió que su hora de morir había llegado (2ª Corintios 1:8-9).

—Fue probado por la aflicción y angustia del corazón constante a causa de las iglesias en contraste con los creyentes que lo amaban y se preocupaban por él en lo individual (2ª Cor. 2:04).

—Perdonó y pidió perdón a quienes lo habían ofendido y perjudicado su trabajo (2ª Corintios 2:7-8).

—Cuando era necesario para mostrar sus credenciales como apóstol, señaló a la multitud convertida por la predicación del Evangelio de la cruz con la sencillez y la fuerza del Espíritu (2ª Corintios 3:1-4).

—Tomó el mayor cuidado de no tergiversar el mensaje del Evangelio, no con astucia ni tratando de engañar a sus oyentes a tomar ventaja financiera de ellos (2ª Corintios 4:1-2).

—Vivió como un hombre condenado a muerte, llevando en su cuerpo la muerte de Jesús en la forma de sufrimiento, persecución, injurias y calumnias, como un medio de la vida de Cristo se manifiesta a través de él (2ª Corintios 4:7-15).

—Su esperanza y su mirada no estaban aquí, en las riquezas, posesiones o bienes; todo el tiempo hace mención a la gloria celestial, a las cosas invisibles y eternas, porque esperaba la recompensa por su sufrimiento y su trabajo (2ª Corintios 4:16-18).

—Cuando fue necesario recomendarse delante de los oyentes como ministro (servidor) de Cristo, en su currículum incluye las muchas aflicciones, angustias, privaciones, palizas, encarcelamientos, motines en su contra, vigilias y ayunos en la obra del Señor (2ª Corintios 6:4-10).

—Sin embargo, esta lista incluye 39 latigazos de los judíos recibidos al menos cinco veces, lo azotaron otras tres veces, tuvo tres naufragios, sufrió lapidaciones, tuvo peligros de ladrones y asesinos en los caminos, además de llevar sobre sus hombres la responsabilidad de las iglesias en todo el mundo conocido (2ª Corintios 11:29).

—Superó muchas dificultades y tuvo que trabajar muy duro para no ser una carga a las iglesias que recibían insinuaciones de sus adversarios de que era un mercenario (2ª Corintios 11:7-9).

—Presentaba en su defensa el hecho de que una vez tuvo que huir de una ciudad escondido en una cesta y bajado por los hermanos a través de la pared con el fin de escapar con vida (2ª Corintios 11:30-33).

­—Luchó todos los días con una doloroso aguijón en su carne, que se cernía que lo hacía sufrir y clamar a Dios, pero la respuesta divina fue que la provisión de la gracia de Dios debía ser capaz de soportarlo todo (2ª Corintios 12:7-10).

Estamos en una época en que se ha puesto de moda ser apóstol o muchos se proclaman apóstoles de Cristo, como Pablo y los doce. Pero usted tiene el derecho a comparar…

Usado con permiso

Harvard ofrece clases sobre epístolas del apóstol Pablo

NoticiaCristiana.com

La Universidad de Harvard, en Massachusetts, Estados Unidos, está atrayendo a miles de personas de todo el mundo al ofrecer clases de la Biblia especialmente basadas en las epístolas del apóstol Pablo.

Harvard ha logrado despertar un interés global, contando con más de 28 mil estudiantes inscritos en más de 180 países.

“Cristianismo primitivo: las cartas de Pablo” (early christianity: the letters of Paul) es el curso que ha estado ofreciendo la Universidad que “parte de un grupo de textos que hoy definen la postura de la gente en cuestiones morales. ¿Qué hay del aborto? ¿Qué hay de los derechos homosexuales? ¿Qué hay de las mujeres en posiciones de liderazgo en comunidades religiosas? Estas cartas todavía tienen un poder hoy”, dijo Laura Nasrallah, profesora del Nuevo Testamento y Cristianismo Primitivo de la Universidad de Harvard.

El curso inició a finales de enero. De acuerdo con cifras del Centro de Estudios, más de los 14 mil estudiantes registrados ya han pasado un total de dos mil 822 horas estudiando el curso, equivalentes a 201 días.

Como parte del contenido del material educativo, se exploran las cartas citadas en el Nuevo Testamento de la Biblia y su contexto en el Imperio Romano. El curso, además, analiza el impacto permanente de las Cartas de Pablo en el mundo actual, de acuerdo con su descripción oficial en el sitio web de la Universidad de Harvard.

Sabiduría de hombres o poder de Dios

El mensaje de Pablo, el Apóstol de los Gentiles (parte 12)

Juan Elías Vázquez

PRIMERA EPISTOLA DEL APOSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS

 CAPITULO 2

Es de hacer notar, que la Palabra de Dios no es de inspiración humana ni es fruto de la sabiduría de los hombres. Pablo manifiesta a esta iglesia, fascinada al parecer por la retórica de los hombres ilustres del mundo griego, que no ha venido él con ese tipo de “excelencia de palabras o de sabiduría”.

Versículo 1. Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.

Versículo 2. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo y a éste crucificado.

Pablo ya les había hecho ver a los corintios que entre ellos no abundaban los sabios ni los poderosos (1:26). Esta es una de las razones por las cuales Pablo les escribe acerca de Cristo con palabras sencillas y diáfanas. La otra razón estriba principalmente en la claridad, pues el contenido de las Cartas paulinas está dirigido a conversos de todas las clases sociales y niveles culturales, e históricos. Aun así, las Cartas de Pablo no son de fácil lectura y comprensión, si bien esto se debe a la falta de firmeza espiritual y a la inconstancia, como bien explica san Pedro (2ª Pe 3:16). Por último, Pablo señala con diligencia el precioso objetivo que guarda el mensaje evangélico: presentar a Cristo y a éste crucificado.

Versículo 3. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor.

El Apóstol era muy precavido a la hora de mostrarse delante de sus hijos en la fe. Entendemos que no era un hombre arrogante, que viniera con aires de suficiencia al estilo de los filósofos o funcionarios políticos de su tiempo. Al contrario, se mostraba humilde; “temblaba” ante la más mínima idea de creerse superior a sus hermanos. Su “debilidad” era real y no fingida. Todo cuanto sabía, había realizado y visto era por la obra y la gracia del Espíritu Santo que moraba en él. Sin esa fortaleza, lo sabía muy bien, Pablo no era nada. Pablo sabía mucho, había realizado grandes maravillas y atestiguado cosas indescriptibles; y, sin embargo, vivía como si nada de esto hubiera hecho o visto.

Versículo 4. Y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder.

El gran poder que respalda el mensaje del Evangelio, expuesto con claridad y sencillez por san Pablo, es suficiente para demostrar su veracidad y alcances espirituales. No hace falta retorcer el lenguaje al estilo de los sofistas clásicos ni adornar el discurso con elevada retórica para volverlo persuasivo.

Versículo 5. Para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Los judíos buscaban la prueba de la verdad en señales prodigiosas; los griegos, en tanto, iban detrás de aquellos hombres que los deleitaban con palabras persuasivas (“palabreros”, según vemos en Hechos 17: 18-19). Tanto unos como otros fundaban su sabiduría o en la capacidad del “milagrero” o en el conocimiento humano. Pablo echa un cimiento duradero: “que vuestra fe esté fundada en el poder de Dios”.

Versículo 6. Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen.

No debemos creer, sin embargo, que la sabiduría que desciende de lo alto pueda ser plenamente comprendida por un cristiano fluctuante o inmaduro. La fe cristiana fundada en el poder de Dios es el resultado de una vida de sometimiento a la fortaleza divina y de renuncia a los métodos que utiliza la razón para llegar a la verdad. Un cristiano inconstante es por consecuencia un creyente fluctuante. Como no permanece en los atrios de Jehová “para inquirir en su templo” (ver Salmo 27:4), fácilmente vacila para un lado y otro, movido de viento de toda doctrina. La sabiduría de Cristo permanece; la que sostienen los hombres es vanidad pura: en la mañana aparece, y al llegar la tarde es sustituida o desvirtuada por otra verdad aparente.

Versículo 7. Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria.

“¡Un momento!”, parece decir Pablo. Esta sabiduría, revelada por voluntad de Dios a los débiles y pequeños, es un conocimiento que excede a cualquier ciencia terrena. Locura -por su insondable profundidad- para el mundo, esta sabiduría oculta ha sido desvelada para los hijos de Cristo; plenamente revelada, para que el cristiano auténtico no ignore la existencia de un legado previsto por Dios desde antes de la fundación de los siglos.

Versículo 8. La que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria.

Hay hombres que sin poseer esta sabiduría se atreven a citar e incluso a interpretar algún pasaje de las Sagradas Escrituras. El resultado es catastrófico, lamentable, desde el punto de vista espiritual. Hablan de lo que no conocen. El más pequeño de los sabios de Cristo es dueño de un conocimiento inaccesible para el más sabio de los hombres.

Versículo 9. Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.

El desconocimiento del hombre por desgracia seguirá pesando sobre su cabeza, pues no sólo pierde la gran oportunidad de conocer la gracia de Cristo en esta vida, también su ser se perderá de bendiciones futuras, así como de atestiguar en el cielo una obra magnífica nunca antes vista (Ref.: Isaías: 64:4; 65:17).

Versículo 10. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.

¿Quién conoció a Dios o quién puede examinar su carácter? De Dios conocemos lo que él ha querido revelarnos. Gracias a que el Espíritu de Cristo mora en el creyente, el creyente puede conocer cosas nunca vistas ni oídas. Por el Espíritu, el hijo de Dios puede conocer por revelación incluso “lo profundo de Dios”. Pablo lo explica de esta manera:

Versículo 11. Porque, ¿Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.

Versículo 12. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.

El hombre de este mundo sabe las cosas que son de este mundo y las defiende y las disfruta. Ignora y rechaza, por tanto, las que provienen de lo alto del cielo de Dios. Por medio de su Espíritu, Dios nos anticipa las bendiciones de su gloria y nos revela también, como por medio de una pantalla, lo que ya nos ha concedido; mismo, que vivimos como si ya lo tuviéramos.

Versículo 13. Lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual con lo espiritual.

El gran propósito de esta parte de la Carta es resaltar el aprendizaje superlativo que se obtiene de una enseñanza cuyas bases han sido reglamentadas desde las alturas de Dios. Una sabiduría, que si bien resulta absurda o incomprensible para los sabios de este siglo, representa un conocimiento que excede las capacidades del hombre. Si lo espiritual no se acomoda con lo espiritual, el resultado puede ser la herejía o la perdición de los faltos de entendimiento y los inconstantes.

Versículo 14. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

El hombre natural o de este mundo puede llegar a pensar que la eternidad con Dios es una especie de fábula o, como opinaba el filosofo británico Bertrand Russel, una cobardía para paliar nuestra intrascendencia. Es decir, que el fin del hombre sea la nada. Discernir espiritualmente representa un ejercicio del corazón y la mente que sólo un cristiano lleno del Espíritu de Dios puede llevar a cabo.

Versículo 15. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie.

Alcanzar el grado de “espiritual” ha llegado a ser un acto desestimado en muchas denominaciones. Pablo, en cambio, pone de manifiesto las inmensas ventajas que el ser espiritual adquiere en el ejercicio pleno de su status. Dicho de otra forma: es estrictamente necesario que el cristiano sea lleno del Espíritu de Dios, pues mediante esta condición adquiere una sabiduría inigualable que le permite incluso juzgar las cosas del mundo sin que el mundo sea capaz de juzgarle a él.

Versículo 16. Porque, ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.

He aquí la razón preponderante, el mundo no puede juzgar al hijo de Dios pleno en el Espíritu, pues ¿Quién conoció la mente de Cristo o quién podrá ensenarle a él? Y nosotros, dijo el apóstol, tenemos la mente de Cristo.

FIN DEL CAPITULO 2.

Corintios: luces y sombras

El mensaje de Pablo, el Apóstol de los Gentiles (parte 11)

Juan Elías Vázquez

PRIMERA EPISTOLA DEL APOSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS

Fechas de las Cartas comentadas hasta el momento en este blog:

  • 1ª Tesalonicenses: año 51 d. C.
  • 2ª Tesalonicenses: Un poco después de la primera Carta.
  • 1ª Corintios: año 54 d. C. Al final de los tres años de residencia de Pablo en Éfeso (Hech 20:31; 1ª Cor 16:5-8).

El propósito:

Esta misiva pone un énfasis importante en la conducta que la nueva criatura en Cristo debe observar. Los corintios habían comunicado antes a Pablo acerca de algunas dudas con respecto al matrimonio y las materias primas, como la carne,  ofrecidas a los ídolos. No obstante, el apóstol también les advierte y enseña con respecto a las divisiones dolorosas que, según había escuchado Pablo, aquejaban a esta iglesia, contiendas y hasta un posible caso de incesto tolerado en el seno de la congregación. Contrario al caso de los Gálatas o los Colosenses, los corintios no habían albergado problemas de herejías o devaneos doctrinales (judaizantes o gnósticos, por ejemplo); el problema de los corintios tenía que ver con el goce de la carne y con una especial, e incorrecta, admiración por la sabiduría de este mundo. Los cristianos de esta parte de la tierra, influenciada poderosamente por la cultura helénica, aún manifestaban debilidad por el culto a la personalidad y el cuerpo, y se deleitaban puerilmente en los dones llamados carismáticos (don de lenguas, milagros).

 

PRIMER CAPITULO:

Versículo 1. Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sòstenes.

Pablo defiende su apostolado. Su ministerio no es por voluntad humana ni es una especie de cesión dinástica. Todo lo que es Pablo, lo es por la santa gracia de Jesucristo. Por su gracia somos lo que somos en Cristo.

Versículo 2. A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro:

Con referencia a este versículo, Scofield comenta: “El más débil, ignorante y falible entre los cristianos tiene en la gracia precisamente las mismas relaciones que disfruta el más ilustre de los santos. Toda la obra subsecuente de Dios en favor del cristiano, la aplicación de la Palabra a la conducta y a la conciencia (Jn. 17:17; Ef. 5:26), el castigo divino y paternal (1ª Cor 11:32; He 12:10), el ministerio del Espíritu (Ef. 4:11, 12), las pruebas y problemas en el camino (1ª Pe 4:12, 13), y la final transformación cuando Cristo venga, todo esto tiene por objeto conformar el carácter del creyente con su exaltada posición en Cristo. El cristiano crece en gracia, no hacia la gracia”.

Versículo 3. Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Versículo 4. Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús.

Versículo 5. Porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia.

Versículo 6. Así como el testimonio acerca de Cristo Jesús ha sido confirmado en vosotros.

Versículo 7. De tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.

Versículo 8. El cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo.

Versículo 9. Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.

Con relación a este conjunto de versículos, otra vez leemos a Scofield: “Los vs. 2-9, en contraste con vs. 10-13, ilustran una distinción que se hace constantemente en las Epístolas entre la posición que el creyente tiene en Cristo Jesús en la familia de Dios, y su conducta o condición actual”. Nosotros opinamos, en concordancia con el autor citado, que la nueva criatura en Cristo ha sido llamada para ser considerada como “santa”, por la gracia recibida de Dios y Cristo, y con ella todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo. El cristiano ha sido santificado o “apartado” para el servicio de Dios, y en ello no cuenta la condición o conducta actual del ser redimido. Debe considerarse además, que la santificación supone un proceso gradual, evolutivo. Pues Pablo no hizo distinción; no comentó: “Los que se portan bien son llamados santos”. Esta aclaración es pertinente tomando en cuenta la conducta escandalosa en que habían caído varios de los hermanos de Corinto, cometiendo pecados que ni aun entre los gentiles se nombraban. A pesar de ello, Pablo les llama santos.

Versículo 10. Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.

Pablo entra en materia. Les conmina dulcemente a dejar atrás las divisiones que ya han comenzado a causar un efecto pernicioso en la iglesia de Corinto. El sentir y el pensar deben constituir parte de un mismo corazón, de una mente cristiana y por tanto colectiva.

 

Versículo 11. Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloe, que hay entre vosotros contiendas.

La preocupación del apóstol vertida en el versículo anterior se debe a estos informes. Pablo hace bien en mencionar la fuente de esos informes, no les hace creer a los corintios que ha adivinado ni escribe “por ahí me dijeron”. ¿Por qué razón contendían los hermanos corintios?

Versículo 12. Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo, y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo.

En una iglesia bien comprometida no es válido ni siquiera recalcar: “yo soy de Cristo”. Tener que declararlo manifiesta que existe un grave problema de unidad confesional. Aparentemente, los corintios pensaban que debían su obediencia o fidelidad a aquellos siervos de Dios de quienes habían recibido los sacramentos o una enseñanza poderosa. Como si la vida comunitaria pudiera escindirse en “escuelas” al estilo pagano. “Yo soy de Apolos, porque me persuade su método de exposición de la Palabra”; o “de Pedro, porque su prestigio como columna de la Iglesia le da lustre a mi condición congregacional”, etcétera.

Versículo 13. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?

Los corintios divisionarios estaban muy cerca de traspasar los límites de la simple admiración o conformidad. Decir “yo soy de Pablo” significaba también confesar “por Pablo me he salvado” o todavía más grave: “Pablo es mi salvador”, o “el único digno de administrarme los sacramentos”. El apóstol percibe con claridad el riesgo y detiene este impulso corrosivo. La persona de Cristo no está partida en pedacitos como para que los corintios quisieran dividir en facciones la iglesia. Pablo no tuvo ningún mérito en la salvación de la iglesia ni redimió con su sangre a los pecadores como para merecer que en su nombre pudiera obrarse alguna salvación. El Cuerpo de Cristo es indivisible y el bautismo en el nombre de Jesús es el único válido.

Versículo 14. Doy gracias a Dios que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo.

Con la excepción de los dos hermanos mencionados, Pablo no había bautizado a ninguno más de entre los corintios. Pablo no había sido enviado a bautizar, como él mismo lo dice enseguida, sino a predicar las buenas nuevas. Sin embargo, el siervo de Dios debió haberse detenido en hacerlo, en parte también, para no despertar celos o herir alguna susceptibilidad.

Versículo 15. Para que ninguno diga que fuisteis bautizados en mi nombre.

Esta declaración zanja asimismo por anticipado cualquier polémica que pudiera suscitarse por preferir, por ejemplo, que un ministro en especifico sea el que administre el bautismo; o la herejía conocida como el donatismo, surgida en la Edad Media, que proclamaba la invalidez de los sacramentos que administraron los sacerdotes ordenados por los obispos que habían claudicado (entregando los libros sagrados a los magistrados del emperador Diocleciano) ante la persecución imperial. Agustín de Hipona, por entonces campeón de la ortodoxia cristiana, afirmó el fundamento cristológico al determinar: que la Iglesia no ejerce un poder (potestas) sino un servicio (ministerium) en materia de sacramentos.

Versículo 16. También bauticé a la familia de Estéfanas; de los demás, no sé si he bautizado a algún otro.

Versículo 17. Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo.

Pablo evitaba realizar aquellas funciones que pudieran distraerle innecesariamente de su principal ministerio: la predicación del santo evangelio. Si había ministros ordenados para administrar el bautismo, que ellos lo hicieran. El apóstol dedica la totalidad de su ser a la predicación. No en su nombre ni con palabras de ornato ni áridas disquisiciones filosóficas; al contrario, predicaba con claridad y sencillez, con el propósito de hacer brillar la verdad de “la palabra de la cruz”.

Versículo 18. Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es a nosotros, es poder de Dios.

La palabra de la cruz es, por definición, un absurdo; un símbolo de perdición para el mundo romano y para la ley mosaica. En cambio, la muerte de Cristo en la cruz significa para el ser redimido el medio por el cual la justicia de Dios hizo salvo al creyente. Tertuliano, un padre de la Iglesia, exclamó, con toda razón: “¡Creo, porque es absurdo!”.

Versículo 19. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios. Y desecharé el entendimiento de los entendidos.

La “locura de la cruz” representa, pues, un misterio para este mundo. La sabiduría y el entendimiento humanos son incapaces de asimilar la humillación de Dios en Cristo, así como el hecho de que Dios haya permitido la vergüenza y muerte de su Hijo amado. Y que por esa muerte sacrificial, de un precio tan elevado, hayan sido comprados los hijos de los hombres, tan insignificantes y venidos a menos. Pablo utiliza las palabras de Isaías (29:14) para fundamentar el enaltecimiento de los creyentes y la ruina paulatina de los poderosos de la tierra.

Versículo 20. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?

De “lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios, y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte”, dice Pablo en el versículo 27 de este capítulo. Los corintios debían entender que su pertenencia al Cuerpo de Cristo se iba a desarrollar bajo normas esencialmente diferentes a las que regían en el mundo griego. Los cristianos no podían sentirse subyugados por la elocuencia de la retórica o a través de ofertas materiales deslumbrantes. Los cristianos de Corinto debían reconocer que entre ellos no abundaban los sabios, según la ciencia mundana, ni los ricos. Dios deshizo “lo que es” escogiendo “lo que no es”, según los estándares de este mundo. Porque es un hecho que en el reino de los cielos lo derecho del mundo está torcido.

Versículo 21. Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.

Toda la sabiduría del mundo no es suficiente para descubrir la existencia de Dios ni mucho menos para lograr entrar en el reino celestial. Ni los atenienses con toda su sabiduría filosófica fueron capaces de conocer a Dios, lo más que pudieron declarar fue debe existir un dios no-conocido. Pablo, mediante la “locura de la predicación”, reveló que el Deo ignoto que medio vislumbraron los de Atenas, era el Dios que él les predicaba.

Versículo 22. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría.

La Palabra divina es el legado eterno de Dios para el creyente. Trasciende su propio tiempo y espacio para seguir impactando el corazón de los que habían de creer posteriormente. Pues aún existen cristianos que dicen: “si Dios me muestra tal o cual milagro entonces ya no tendré dudas de su poder”. O también, “si Dios me sana –o sana a mi hijo, mi esposa, etc.-, le serviré con toda mi alma”. Es reprobable buscar a Dios a través de la sabiduría o la ciencia, como lo es también buscarlo mediante un pensamiento falsamente piadoso.

Versículo 23. Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura.

Pablo parece decir: “Nosotros creemos firmemente en ese Cristo descalificado por el pensamiento sensato de esta tierra. Los judíos no pueden creer que Dios tenga un Hijo, menos aún que su Padre haya dejado a los paganos que lo asesinaran; en lo que respecta a los gentiles, Dios debía preferir como hijos suyos a los ciudadanos más brillantes de este mundo”.

Versículo 24. Mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.

No hay acepción de personas para Dios. Judíos y griegos han sido redimidos por Cristo y traídos al conocimiento de Dios. La más grande sabiduría y el poder más omnímodo de la tierra, palidecen delante del poder y la ciencia de Dios:

Versículo 25. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

No hay punto de comparación entre el cielo y la tierra; entre los designios de Dios y las determinaciones de los hombres. Lo más pequeño de Dios no cabe en todo el universo.

Versículo 26. Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles.

Versículo 27. Sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte.

Conforme la Iglesia crecía en número y el cristianismo se iba extendiendo por todo el mundo, se iban sumando creyentes de todas las condiciones sociales, así como no pocas personas de reconocida inteligencia. Esta circunstancia histórica, y hasta teológica, no debe modificar en lo más mínimo el concepto bíblico: No importa que tan rico, sabio o poderoso sea un cristiano, su obra y diademas deben ser arrojadas constantemente a los pies de Cristo, de manera que lo único que siempre reluzca sea la alteza Divina.

Versículo 28. Y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es.

No debía quedar ninguna duda a los corintios: El fuerte, el osado, confía en la fortaleza de su mano y en las piernas de sus caballos. Esa gallardía que es aplaudida en el mundo, representa un obstáculo para el creyente. El cristiano no puede decir “es por mi espada o mi fuerza”; o “Dios escogió a mi nación por ser la más poderosa de la tierra”.

Versículo 29. A fin de que nadie se jacte en su presencia.

Versículo 30. Mas por él estáis vosotros, en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención.

A cambio del reconocimiento de la sabiduría y la alteza divina, Dios nos ha dado en Cristo todas las fortalezas de las cuales carece el mundo vano.

Versículo 31. Para que, como está escrito, el que se gloríe, gloríese en el Señor.

FIN DEL CAPITULO 1.

Pablo advierte contra hombres desordenados

El mensaje de Pablo, el Apóstol de los Gentiles (parte 10)

Juan Elías Vázquez

SEGUNDA EPISTOLA DEL APOSTOL SAN PABLO A LOS TESALONICENSES

CAPITULO 3.

Versículo 1. Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como fue entre vosotros.

Pablo apóstol, comienza este tercer capítulo rogando las oraciones del pueblo, pues su temor más grande es salir reprobado o ser un mal ejemplo. De manera implícita, también, les advierte a los tesalonicenses que hasta ahora él no ha actuado con doblez con el propósito de que los demás actúen rectamente.

Versículo 2. Y para que seamos librados de hombres perversos y malos; porque no es de todos la fe.

La predicación con el ejemplo es fundamental para el siervo de Dios. Es estrictamente necesario que los hijos de Dios no permitan la gestación de males espirituales y que combatan con denuedo la muy probable infección del Cuerpo de Cristo, a través de hombres que sin ningún escrúpulo intentan debilitar las defensas de la verdadera fe.

Versículo 3. Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal.

La alerta, si bien es precisa, no evidencia alguna fragilidad del poder de Dios. Fiel es el Señor, aunque infieles nosotros, para afirmarnos en la verdad y guardarnos de las asechanzas de la mentira y la maldad en general.

Versículo 4. Y tenemos confianza respecto a vosotros en el Señor, en que hacéis y haréis lo que os he mandado.

No cabe la duda en el corazón de Pablo; el remanente fiel, los verdaderos hijos del Reino, están haciendo y harán lo que conviene a la sana doctrina de Jesucristo.

Versículo 5. Y el Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios, y a la paciencia de Cristo.

Versículo 6. Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros.

La enseñanza del Apóstol trasciende su propio contexto espiritual e histórico. La ordenanza se ha abierto como un abanico que ventila sus aires renovadores hacia la iglesia del pasado, del presente y de la que aún está por venir. “Apártate de las vanas conversaciones que corrompen irremisiblemente la verdad de Cristo”, parece advertir el siervo de Dios. Si la iglesia no hubiera, desde sus más tempranos inicios, conservado la pureza del evangelio, la iglesia ya no existiría. Pablo ordena no andar desordenadamente. Es la potencia de la Palabra, que vence la persistencia de las plagas inducidas por el maligno.

Versículo 7. Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros.

Pablo ha sido el único cristiano autorizado para decir estas palabras: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1ª Cor 11:1); “Por tanto, os ruego que me imitéis”, había dicho un poco antes en esa misma Carta (1ª Cor 4:16). Porque el que escucha los engaños y estratagemas propagados por un corazón infectado por el mal, está en grave riesgo de convertirse en hacedor de maldades (3ª Juan 11). No hay otro camino para permanecer en un cristianismo genuino que imitar con toda fidelidad las enseñanzas de Cristo. Por un proceso de imitación, no mecánico sino vivificado por el Espíritu de Dios, el alma se mantiene en una verdad que dinamiza su diario vivir; que lo activa para ser un hombre de verdad, poderoso en la Palabra y un buen árbol que da frutos.

Versículo 8. Ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros.

Es un tanto difícil de comprender cómo le hacía Pablo para predicar el evangelio con tanta dedicación y a la vez trabajar materialmente para tener el sustento diario. Sabemos que conocía un oficio y que su cuna había sido próspera. No era por tanto un hombre inútil ni desamparado familiarmente. Los pocos ratos durante el día y hasta altas horas de la noche, debieron ser los horarios de trabajo de Pablo. Su talento material, y el espiritual, por supuesto, había sido puesto a los pies de Cristo. Pablo vivía para Cristo, incluso en la carne. Su ejemplo es irreprochable.

Versículo 9. No porque no tuviésemos derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis.

Además de irreprensible, su testimonio es justo. Porque el obrero digno es de su jornal diario. Pero Pablo no ha deseado bajo ningún concepto significar una carga económica para la iglesia, aunque por ley tuviera derecho a recibir ofrenda. Al apóstol también le concierne dejar un ejemplo de justicia y de ética fraternal. ¡Trabajen en lo material, pues el dinero responde a todo!

Versículo 10. Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma.

Fuente medular de la ética paulina, este versículo conmina al trabajo duro y gozoso, no como “sirviendo al ojo” sino al Señor. La razón original de esta sentencia forma parte también importante de los propósitos principales de esta segunda Carta. A Pablo le habían llegado noticias de que un grupo de hombres desordenados había dejado el trabajo con el pretexto de una inminente venida de Cristo. El que no trabaje y ande entrometiéndose en lo ajeno, no le den de comer; que él busque su propio sustento. El siguiente versículo da cuenta puntual de esta preocupación del apóstol:

Versículo 11. Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entreteniéndose en lo ajeno.

Versículo 12. A los tales mandamos y exhortamos, por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan.

El que no trabaje y ande metiéndose en lo ajeno o visitando inoportunamente otras casas, no le den de comer; que él busque su propio sustento.

Versículo 13. Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer el bien.

Pero por ninguna razón, hermanos fieles a Cristo, se cansen de ser generosos.

Versículo 14. Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él para que se avergüence.

La advertencia va en dos sentidos: Esta Carta es legítima, signada por el apóstol; pero si por alguna circunstancia, a pesar de ser palabra de verdad, no es obedecida: la iglesia tiene la responsabilidad de señalar al tal para que por medio de la vergüenza de su alma proceda al arrepentimiento de su mal acción, y el alma se salve.

Versículo 15. Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano.

La enseñanza de verdad obra también en justicia. Porque la misión de Jesucristo ha sido y será para vida eterna y no para perdición de los hijos pecadores. La amonestación debe ser clara, pero nunca despojada de la piedad y el amor fraternal.

Versículo 16. Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. El Señor sea con todos vosotros.

Seguid la paz con todos; los conflictos entre hermanos minan insidiosamente la Casa.

Versículo 17. La salutación es de mi propia mano, de Pablo, que es el signo en toda carta mía; así escribo.

Pablo no quiere dejar ninguna duda acerca de la autenticidad de esta Carta. Esta forma de “signar” del apóstol caracteriza a sus demás Epístolas, y sirve de criterio irrefutable para afirmar: esta Carta fue escrita por san Pablo.

Versículo 18. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.

El bendito saludo y despedida cristianos.

 

FIN DE LA SEGUNDA CARTA A LOS TESALONICENSES.

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